Una oda a una yegua

¡Flatulencias! ¡Esplendores! ¡Merengues! ¡Odalisca en pausa! ¿Hasta cuándo sostendremos este romance, basado en dulces después del sexo?
¿No es hora de entregarnos un poco más?
¿Acaso no hay cosas maravillosas de que hablar?
¿Por qué te callas, por qué masticas?
¿Porqué disfrutas tanto, pero tanto?
Tiempo atrás me preguntaba qué sucedería si tuvieras que elegir entre un frasco de cerezas en almíbar o yo. Ahora que lo dices, sé la respuesta.
Soy una cereza.
Y no creo que dure mucho, cerca tuyo. Cerca de ti, de tu boca acechadora.
Pronto seré parte de tus propios desechos, y allí no inspiraré ternura.
Seré un cuerpo hasta que aprietes el botón y viaje (rápido, desintegrándome) por tuberías, tuberías, tuberías hasta el hermoso mar.
Allí flotaré por siempre.
Siempre: es preciso elegir entre la abundancia o lo exquisito. Como todo hombre, soy edulcorante para ti.
Le pido la mano a la vanidad y te canto esta pequeña oda, yegua con lencería. Lo que tengo es perfecto. Hoy es perfecto.

***

2 comentarios:

Sebastián Matías Oliveira dijo...

usted es el señor martin?
eh?
eh eh=????

la loca del pañuelo dijo...

si es el señor martin
y la verdad q te pasas,,,
no puedo expresar el placer q me gnera comer,,, y comer a la hora del bajon,,,pppffffaaa
eso si q es comer
te zarpas martin
te zarpass