ya él

El agua debe aprender a nadar.
El agua debe aprender a nadar.
El agua debe aprender a nadar.
Levanto la vista: “Basta de represión y muerte”. Cierro los ojos, busco en lo profundo. “Venga a Galerías Pacífico”.
Quiero sonreír. La prosa de asfalto me devora antes.
En Tucumán y Libertad el Teatro Colón. Sube un mono-gym, suben cuatro cartoneros. Tres son pequeños grandes chicos. El mono-gym y uno de los pequeños grandes chicos llevan la misma gorrita. Nike, blanca.
Playas, playas, playas para estacionar.
En los edificios placares, hijos, paraguas, restos en los tapers, restos de otros días, de placeres, de arena y sal, figuritas, perfumes, pan congelado, revistas, milanesas, calendarios, agujeros.
El caos y las duchas.
Quise decirle algo que no fuera que las horas pasan y ya no vuelven. Le dije sólo eso, lo que debía salir. Pero ahora le diría…
Te espero, aquí, en el mar. El agua debe aprender a nadar, y yo a cantar, si quieres escucharme.
Sueño con perros. Como todos. Como todos perros. Debo aprender a ladrar. Debo aprender a ladrar. Perros comprando, comiendo en restaurantes, en los colegios, perros en colectivo. Universitarios, perros doctores. Perros juzgados. Perros en tele. Tarascones a la yugular, los dientes filosos, la baba espesa. Sé de su daño, sé de sus promesas. Debo aprender a ladrar y correr liebres.
Sueño con perros, de traje, perros cucaracha. Perros ciegos. Perros que sufren, como simples perros.
Poco importa que quiera abrazarlos, ellos pronto son ceniza, no creen su realidad.
Parecen jugar conmigo.
Debo aprender a ladrar. Sólo a ladrar.
Bajo del bondi.

1 comentario:

楊承琳yaya dijo...
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