sale dios plata, entra dios cultura

No podrías imaginar como han cambiado las cosas, aquí. La revolución social ha convertido al dinero en un papel sin importancia, por lo que ya nadie lo tiene en cuenta; la gente va por la calle cantando, todos nos abrazamos con todos, se ven policías fumando porro, las viejas se quejan menos. Todo parece juerga y alegría. Todo parece. Paradójico pero recién ahora buenos aires tiene aires buenos. Y el riachuelo, es de agua cristalina. Tomé el 152, me bajé en la boca me tiré al riachuelo, conocí una morocha llamada Lhere, estaba en bi-ki-ni, le dije que era la mujer de mi vida, ella me propuso casamiento, le dije que no me gustan los compromisos, y menos con la mujer de mi vida. Le pregunté si quería que le mienta o que hable sin escupirla, me dijo que haga las dos al mismo tiempo, y yo no entendí. Entonces dije que me iba de viaje, ella preguntó si podía viajar conmigo, quería seguirme, le dije que sí pero que no que no que no. Mejor no hablar de ciertas cosas. Entonces pidió entre solemne y aburrida que le mienta: en verdad ella no era LA mujer de mi vida, se lo dije y se enamoró más de mí, y me abrazó hasta quitarme el aire, tuve que hacer un esfuerzo enorme para zafar de sus brazos, con mis últimas energías salí del agua, que ya no era cristalina; flotaban cosas, en realidad flotaba agua entre las cosas. Me di cuenta que Lhere no era precisamente una-linda-chica, y que un torrrrrrrrrrrrnado arrasó a mi ciudad. Que la mujer de mi vida existe sólo en sueños, pero no, mejor no hablar. De nuevo a tomar el 152; en la parada, gente. Se apelotonaba y se golpeaba con bastantes ganas. Unos luchaban para quedar delante otros, y otros luchaban con uno para subir antes al bondi que nos llevaría a ninguna parte. Y el bondi no venía. No, no podrías imaginar como han cambiado las cosas aquí. Una defensa hombre a hombre estúpida y rigurosa; faltaba que el volante por izquierda levantara su brazo y tirara el corner, y de esa-ingeniosa-imagen-mental me estaba riendo cuando apareció esa-caja-llena-de-asientos. Los empujones finales, yo esperé esperé esperé, y al final el colectivo se llenó tanto que el colectivero dijo: “este colectivo es colectivo, vamos vamos, al fondo debe haber lugar, vamos subieeendoooooo”. Desamanera el chofer concluyó la jugada preparada; arrancó y el colectivo colectivo me dejó afuera. Abajo quedamos nada más que dos personas. Y es curioso, porque sólo cuando estuve definitivamente abajo del bondi, miré quién-estaba-detrás de mí. Era un viejo muy simpático, y calvo, y canoso, y quejoso, y justamente ERA muy simpático. Claro, hasta que le hablé, hasta que me respondió. Empezó con su discurso nostálgico y sectario; facho para decirlo entre nos. Resultó ser que en SU época los colectiveros eran todos nacidos en Argentina y era imposible que no subieran todos, porque eran bien nacidos, en Argentina. No me quedó otro escape que bostezos esdrújulos; hice notar mi alegría de domingo a la tarde, entonces el viejo se aburrió de hablar y recién ahí cayó.
Buenas tardes señor, sí, el placer fue suyo.
Me fui, silbando bajito, y silbando bajito, casi descalzo, comencé a caminar por el parque lezama. Era domingo y la gente puebla-los-parques los domingos. Este uno de los signos de que en buenos aires no está todo perdido, de que la gente busca el verde y ama el suelo. A pesar que los otros 6 días de la semana todo se reduce a dios plata, dios-apuro, dios-obligación, a dios burocracia, en fin, la gente habitaba el parque y parecía lo suficientemente no alienada, podía sonreír si quería. Yo caminaba hasta que me senté, por ahí, y decidí no pensar (sólo pretendía respirar en paz), entonces en un descuido, mío, o suyo, que sé yo, un gato se subió a mi banco y comenzó a usarme de rascador, pasaba su cara, su cuello, su gordísimo y amarillo lomo contra mis uñas, hasta que se cansó de rascarse y se durmió en mi muslo derecho. Lo acaricié lentamente, disfrutaba en mis manos la suavidad felina, era casi demasiado; el gato llenó hasta mi tacto con felicidad. Mi tacto. La gente nos miraba (la gente es muy mirona), continué acariciándolo hasta dormirme.
Puedo delinear la imagen del gato dormido sobre mi cuerpo dormido, en ese dormido banco del parque lezama, un domingo a las 7 de la tarde, mientras caía el sol y nacía una nueva noche. Un nuevo día. Aquí las cosas han cambiado, y siguen cambiando, y en realidad es siempre igual: todo parece.
Me desperté y era de noche, el gato por supuesto que no, y reconozco que ignoro aquí cómo hice para sentirme tan bien. Bah: como siempre, mi más absoluta ignorancia.
Y justo pensé en vos.
Y que no podrías imaginar como han cambiado aquí las cosas. Ahora las cosas son otra cosa; en el parque no había linyeras, ni cartoneros, ni siquiera perros flacos, estaba solo. Incluso el viento se ausentaba por largos ratos, lo que me daba la sensación de estar más solo.
Me paré y comencé a caminar en círculos por el parque.
Y no, no-no-nnnnnn-o-no-no-no encontraba qué hacer con ese día tan raro… ¿qué hora sería? ¿adónde me gustaría ir? ¿qué quería ver?
Nada parecía tener respuesta, pero un momento determinado todo pasó a ser indeterminado; reconozco que ignoro
cómo
pero el tiempo se convirtió
en una excusa para sublimar los semáforos
y no viceversa
y me dije que si podía respirar y sublimar
y que si aún encontraba signos de vida y de amor a mi alrededor
y que si las cosas han cambiado y no van parar

yo no voy a parar

y somos muchos los que ni pensamos en parar
y sabemos que vamos a morir
sin ver los cambios por los que ya ha muerto tanta
tanta gente

las cosas cambian todo el tiempo
pero siguen siendo lo mismo (cosas)
y cada día son más absurdas (¿y qué?)

mientras, yo sueño todo el tiempo
que las cosas aquí han cambiado
tanto
que ni podrías imaginarlas
y espero que no sólo sean más fáciles
sino también un poquito menos crueles.
Que las cosas sean un poquito menos cosa.

3 comentarios:

Lau dijo...

sin duda me gusta su manera de contar.

saludos.

acróbata dijo...

laura, gracias por pasarte. yo estuve por todaslashojas, y hay cosas que me gustaron mucho.
abrazo

Lau dijo...

Acróbata: un gusto tenerlo en mis hojas.. (le contesté en el mismo lugar donde me dejó el comentario)
espero seguir deleitándome con sus historias.

abrazo too!